Regresar al río, tirarme desde un árbol con las manos por delante, con lo ojos cerrados, sin haber catado el agua, cortar la superficie helada, tocar fondo y volver rápido a tomar aire asomando la cabeza mientras agito las manos y los pies como un renacuajo. Entonces, debo gritar “qué buena está, ven, tírate”, a todo aquel que está mirándome desde la orilla, escrutando cada escalofrío de mi cuello mientras parte del río me cae sobre los hombros y soy el ser más feliz del planeta. Agarrarme a la cuerda como si no tuviese ninguna duda, podré sostenerme con mis brazos de crío y lanzarme al vacío, sentirme Tarzán, y en el punto más alto soltarme y caer otra vez contra el agua, mal la primera vez, mejor la segunda, hasta tener sincronizado el movimiento y así hasta la hora de la cena en la que hay que volver a casa con una sonrisa que tirita y tirita, envuelto en una toalla mojada, dispuesto a comerme todo lo que haya en la mesa.

Rafa Turnes
Río Almofrei (en un lugar de Pontevedra) con Elmo, Ari y amigos.
Agosto de 2013

Maurina, miña nai

Le llamaron Valentina, pero todo el mundo la conoce como Maurina. Es mi madre, y la de otros cuatro cachorros. Es imposible no echarla de menos. Solemos estar lejos el uno del otro, cuestiones de la física, pero siempre hemos estado mucho más cerca de lo que el espacio se cree. Hace un año, en esa mesa, nos confesamos algunos secretos que no debían permanecer más tiempo guardados. El sol debe seguir poniéndose por el mismo sitio, pero aquel día su luz me pareció más hermosa que nunca. No olvidaré este momento, tampoco la luz.

Por el camino rojo

Camino por el camino rojo
arena y polvo
me siento en una piedra
está a punto de llegar la noche
el niño pastorea
se acerca, me mira
sostiene una rama entre los dientes
el aire duerme
es él quien la agita con la boca.

Burkina Faso, 1998.
Mamiya 645. Velvia 50.

Se me escapó

Se me escapó el mar, lo tuve en la mano, pero mi cabo era demasiado viejo o había envejecido demasiado rápido. Engulló, tras un crujido ensordecido por las olas, a los que me acompañaron hasta la orilla. Creía que íbamos a escarbar una fosa para el fuego, sentarnos alrededor, bailar, pisar las llamas, reírnos hasta caer derrotados por varias botellas y cientos de risas. Pero se rompió la cuerda y apenas pude oír el chasquido.

Playa de Ribeira (Galicia)
Con César y Claude
Verano de 2012

Entradas recientes